De compras con humor

 De compras con humor


 

Los que ya me seguís, conocéis que los deportes que practico con asiduidad son natación, yoga y pilates. En el primero, desde luego que te cambias en la propia piscina y en los otros, siempre he hecho lo mismo, voy con ropa de calle y en el gimnasio me pongo camiseta, pantalón corto y calcetines antideslizantes.

Este otoño me apunté a yoguilates (me ahorro la explicación que sois gente espabilada), como estamos como ya conocemos, pensé que para mayor seguridad lo mejor es que pasara por casa y me cambiara allí para evitar los vestuarios lo máximo posible. 

Sin embargo, como llevaba años haciéndolo en el gimnasio o en la piscina, el pantalón de chándal que encontré por los cajones me pareció un tanto pasado de moda y no quería estropear mi glamour habitual, je, je.

Me fui a unos grandes almacenes y después de mirar un rato, escogí unos de mi talla del color que quería y me metí al probador. Me miré con ellos puestos frente al espejo y los encontré que me quedaban muy justos en la entrepierna y algo cortos, pero como hacía tiempo que no compraba algo similar y la moda es pasajera, pensé que eso era lo normal. A fin de cuentas, eran de mi talla.

Me lo tomaré con humor, pero… ¡cómo ha cambiado la moda en estos años!

 

Cuando fui a pagar, en un arrebato de lucidez pregunté a la dependienta:

—Oye, ¿se llevan ahora los pantalones de chándal cortos? Porque me quedan por encima de los tobillos.

—¿Se los ha probado?

—Si claro, vengo ahora mismo de hacerlo.

—Es que este modelo es de mujer. ¡Iba a preguntarle si se los envolvía para regalo!

—Glups ¡pues menos mal que se me ocurrió preguntar!

 

Pero no es esto lo único curioso que me ha ocurrido de compras. Una vez, me tocó hacer de modelo improvisado porque dos señoras muy dicharacheras, que querían hacer un regalo a su hijo y sobrino respectivamente, decidieron que yo era de su mismo tamaño. 

Como para una madre, su hijo es siempre el más guapo, aquello me llenó de orgullo. Eso sí, ni me dejaron opinar y acabaron comprándole un jersey la mar de feo, del estilo de esos navideños que solo te los pones para las fiestas donde pretendes hacerte el gracioso, vamos, al estilo de Colin Firth en Bridget Jones.

 

Disculpe, Ud. es tan gordo y bajito como mi hijo ¿le importaría probarse este jersey?

 

En otra ocasión hace años, recuerdo que estaba con mi novia y que ella había quedado con su hermana para comprarle unos pantalones a su marido como regalo de reyes. 

Entramos los tres en una tienda y mientras estábamos mirando llamaron al móvil de mi novia. Como había barullo salió a la calle a contestar, quedándonos su hermana y yo dentro del establecimiento. Al rato llega una dependienta y nos pregunta:

—¿Los puedo ayudar?

—Si gracias, estoy buscando unos pantalones para mi marido.

—Perfecto, pues en esta época vienen muy bien los de pana.

—No, esos no, que dice que le dan demasiado calor.

—Tenemos también estos otros de este perchero que se llevan mucho esta temporada.

—Puf…, ni hablar, esos colores no le gustan nada.

—Entonces, con tonos más clásicos están todos los de aquella estantería— nos respondió señalando detrás suyo.

—Ya, pero es que son muy “de señor” y luego se queja de que se echa años encima.

—¿Qué les parecen estos de aquí? —dijo la dependienta un poco cansada de tanto rechazo.

—Me temo que tampoco, los de pinzas no le sientan nada bien.

—¿Pero por qué no se los prueba y salimos de dudas? —respondió un poco alterada y acercándome los pantalones.

Yo ni me di por aludido y continué con las manos en los bolsillos.

—No, es que él no es mi marido.

—¡Ahhh!, pues menos mal— exclamó la chica aliviada—. Pensé que lo era.

Si sí, y pensarías también “menudo calzonazos con el que se ha casado la mujer, está claro quién lleva los pantalones en casa”. 

 

Tendrá muchas virtudes ocultas, pero lo que es capacidad de decisión…va a ser que no.

Para que luego digan que ir de compras no es divertido. No tanto como buscar papel higiénico durante el confinamiento y no tengamos un presupuesto como el del rey de oros.

Y tú, ¿no tienes ninguna anécdota graciosa yendo de compras? Seguro que ahora que llegan las rebajas alguna surge, anímate y nos las cuentas. Solamente atreverse a ir ya es un acto de heroicidad digno de mención, je, je.

 
Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.