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El enigma Fields

 


¿Qué es el enigma Fields?

 

Es una novela policiaca con todos los ingredientes imprescindibles; un detective, agentes de policía, víctima, culpable y muchos sospechosos de cometer el crimen sobre el que gira esta novela negra. Si queréis saber más podéis ver la sinopsis del libro en Amazon.

 

Como veis, el nombre de mi blog es “Una mizca de humor y quizás algo más”, pues bien, entre ese algo más está la novela policiaca que ahora os presento.

 

En esta ocasión, en lugar de humor, me ha dado por hacerme el sueco, y no me refiero a que me haga el despistado como que la cosa no va conmigo, sino que intento emular a los grandes maestros suecos del género de la novela negra como Stieg Larsson o Camila Lackberg para los que el delito no esconde secretos.

 

Los personajes de esta novela negra

Os presento algunos de los personajes de “El enigma Fields”

 

Pat Manelli: es el detective y protagonista en torno al que gira toda la novela, de hecho, es quien nos cuenta la historia. Es un investigador de los de antes, de los de libreta e interrogatorio, no lo veréis en el laboratorio del CSI. A veces poco sutil, pero eficaz a su manera. Si quieres conocerlo no tienes más que verlo en la portada del libro, le sienta la gabardina mejor que a  Humphrey Bogart.

John Fields: es un hombre de negocios hecho a sí mismo. Es el fundador y presidente de Fields Pharmaceutical. En la época en la que discurre la novela es un apuesto hombre de negocios de mediana edad un poco golfo, aunque esto último es la opinión de su mujer y puede que un tanto sesgada. Tendrás que sacar tus propias conclusiones.

Jessica Fields: esposa del anterior. Una mujer elegante y sofisticada, vamos, lo que se define como “toda una señora”.

John Fields Jr: hijo primogénito de los anteriores. Típico niño bien que ya vino a este mundo con la vida resuelta.

Angus: el dueño del bar en el que Manelli ahoga sus penas. Como buen camarero, además de saber preparar buenos cócteles, sabe escuchar a sus clientes y darles buenos consejos.

Susan Graham: cofundadora de la empresa y actual directiva de la misma. Una mujer muy arisca, pero de momento, eso no es delito.

Albert Jenkins: el último de los cofundadores del entramado empresarial. Director de investigación y auténtica rata de laboratorio, su vida transcurre entre probetas y fórmulas químicas.

Nick Rudewski: agente de policía veterano a punto de jubilarse. Amigo de la familia de nuestro detective, tratará de ayudarle en este caso.

Kelly: una mujer que no tuvo la culpa de nacer tan hermosa.

Rosita: la asistenta de los Fields, pero eso de que el mayordomo es el culpable del delito ya está demasiado visto…o no.

Joe Nash: amigo de la familia y abogado, pero no necesariamente en este orden.

 

Y si a los anteriores unimos a Fred Collins, Tom Murray, los agentes  Mendoza y Friedman, Mary, Ingrid, Tommy…que no por estar menos descritos aquí, son menos candidatos a ser víctimas y/o culpables, tenemos esta novela policiaca donde una mezcla de celos, infidelidades, ansias de poder, intrigas empresariales, crimen…constituyen su trama.

 

Y para terminar con los personajes uno muy importante pero que no es de ficción, Beatriz, que es la creadora de la ilustración de la portada. Aunque comenzó a demostrar su arte personalizando paraguas, también destaca sobre otras superficies. Puedes contemplar sus obras en:

https://www.paraguasdiez.com/tiendaonline/es/29-personalizados

https://www.instagram.com/paraguas_diez/?hl=es

 

Si después de conocer los personajes, no estás deseando leer “El enigma Fields”, disponible en Amazon, es que no eres humano sino un algoritmo de Google rastreando esta página. Yo me muero de ganas ¡y eso que me conozco el final! ¿y si me sorprende?

 

Si acabas leyendo la novela, no olvides dejar tu comentario en Amazon, eso sí, se admite todo siempre que sea con respeto, educación y constructivo. Espero que disfrutes leyéndola tanto como yo escribiéndola.

ZENDA Historias de heroínas: LA GRANJA




El despertador llevaba sonando unos segundos mientras Araceli todavía se estiraba bajo las sábanas. Siempre le gustó hacerse la remolona. Eran las 6 de la mañana y tenía que prepararse para ir a su puesto en la granja, que no era el trabajo de sus sueños, pero le servía para ganarse la vida mientras buscaba algo más acorde con su formación en filología inglesa. Ni siquiera le gustaba lo que hacían allí, porque era contrario a los valores de igualdad y respeto que había aprendido de su familia. Para ella, todos los seres vivos se merecen un trato digno y no estar confinados para su explotación. A veces, sentía tentaciones de abrir las jaulas y liberarlos, pero perdería el trabajo que tanto necesitaba y con toda seguridad tendría consecuencias más graves.



Cuando entró en el recinto se puso el mono de trabajo y pasó por los diferentes puntos de descontaminación. La primera tarea de cada mañana era desinfectar los habitáculos, porque la limpieza es crucial para mantener sana a la población y preservar el producto con la calidad exigida. Una vez acabado esto, pasaba al ordeño según la orden de producción que cada mañana llegaba desde la central. La veterinaria ya había seleccionado los ejemplares según esta orden y ahora ella tenía que conectar y activar las ordeñadoras.



-A ver, ¿qué tenemos hoy? Cinco niñas rubias delgadas de mediana estatura, cuatro chicos caucásicos morenos, tres niñas de rasgos asiáticos… Unas horas más tarde y otras tantas clientas tendrían disponible el material genético para engendrar sus bebés a la carta. Pero aquel día hubo un contratiempo.


-No podemos obtener la muestra para bebés pelirrojos, él donante ya ha superado el límite de extracciones.


-No importa, hazlo. Tenemos que atender todos nuestros pedidos- fue la respuesta de la veterinaria.


-Pero no creo que sea posible, no ha habido plazo suficiente para la regeneración de sus fluidos.


-Aumenta el voltaje del estimulador y asunto resuelto. Mira Araceli, hay una cosa que quiero que entiendas. Somos una sociedad privada que se debe a sus clientas. Si no somos capaces de atender los pedidos, la empresa pierde dinero y prestigio, lo que cabrearía a los accionistas y pondría en riesgo tu futuro y el mío.



A pesar de su reticencia, Araceli cumplió las órdenes de su superiora. Sin embargo, esa tarde al finalizar su jornada no fue tan rigurosa con las cerraduras del complejo. Como ya imaginaba, sufrió las consecuencias. Fue encausada, juzgada y condenada. Ni siquiera pudo encontrar una abogada que se atreviera a defenderla.



Años después, cuando todo parecía olvidado, en una plaza de su vecindario apareció un grafiti que cubría todo el lateral de un edificio. Representaba su rostro sonriente con un mensaje: “En recuerdo de Araceli, luchadora por la libertad e igualdad”

La inocente costurera





Los gritos histéricos de una mujer rompieron el silencio de la noche. A los pocos segundos se los unió el sonido estridente del silbato de un gendarme pidiendo refuerzos. Un cuerpo yacía inmóvil sobre la calzada de una sombría calle londinense. Disculpen que no me haya presentado todavía, mi nombre es Jack.



Como en ocasiones anteriores deambulaba por las calles semidesiertas de la ciudad en busca de la víctima propicia. Escuché el ruido de una verja metálica al descender, era una joven costurera que cerraba su sastrería y se adentraba con paso ligero en la oscuridad de la noche. Decidí seguirla por calles sombrías donde la luz tenue de las farolas apenas proyectaba su sombra sobre el suelo. Las siluetas se perdían entre la niebla del Támesis.



Apenas nos cruzábamos con algún transeúnte. El taconeo de sus zapatos junto a mis pasos era lo único que se escuchaba. Ella notó que la seguía porque aceleró el paso y se giraba disimuladamente de vez en cuando. Llegó a una encrucijada con ambas calles aún menos iluminadas, quizás presintiendo su destino eligió la más corta y echó a correr.



Fue en vano, yo también aceleré el paso y me abalancé sobre ella. Unos instantes de forcejeo y se desató la tragedia.



- ¿Ha fallecido? - preguntó una dama con voz entrecortada.

-Parece que aún respira- respondió el gendarme.



Y estaba en lo cierto. A pesar de su maestría con las tijeras que escondía bajo su manga, un halo de vida todavía me acompañaba.

 
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