Mentiras, trolas y patrañas

 

VAMOS A CONTAR MENTIRAS


Un estudio reciente reveló que los hombres mentimos a nuestras parejas un promedio de 4 veces al día. Imagino que esto no es algo del hombre moderno, sino que vendrá de antaño, de cuanto llegábamos a la cueva sin caza y mejor contar una patraña piadosa, como que no habíamos visto ninguna gacela, a reconocer que pasamos toda la mañana con los amigotes bebiendo y pintando bisontes en las paredes.

A ver qué trola se me ocurre para que no me eche de la gruta

Los motivos resultan diversos, pero por lo general parece que son para impresionar al sexo opuesto, no decepcionarlo o hacerlo daño. Vamos, que un embustero lo es por ver si pilla o para no quedarse a dos velas. ¡A ver si en el fondo ser mentiroso tiene un toque romántico!

También a veces es para fardar frente a los del mismo sexo porque ya se sabe que, algunos son como el parchís, te comes una y cuentas 20.

Tampoco las mujeres se quedan atrás en ese tema siendo los motivos muy parecidos. Podríamos decir que existe un empate técnico en el embuste, pero veamos los más usados.

Las patrañas más típicas ¿te sientes identificad@?

Una de los cuentos chinos más frecuentes es ese de decir que se está soltero o sin pareja. La verdad es que no entiendo por qué pensamos que decir que estamos en el mercado nos hace más apetecibles cuando lo que más gusta es lo prohibido ¿no?

Las trolas relacionadas con el sexo también son frecuentes: no me importa el sexo, no es eso lo único que busco, para mi es secundario, lo importante es la persona … ¿Quién no ha escuchado mentiras así? Si claro, lo importante es el interior y que me hagan reír, ja, ja, ja, al payaso Fofó lo debían asaltar las fans.

Una de mis mentiras favoritas y no porque yo la use, es esa de “estás igual que cuando nos conocimos”, que es la típica que el hombre le dice a su mujer. Sin embargo, cuando alcanza su máximo esplendor es cuando una mujer se lo dice a otra. Yo disfruto cuando la escucho, casi siempre se nota un cierto tonillo cínico.

Y la de “te sienta genial” es solo porque ya estamos cansados de esperar a las puertas del probador y para aumentaros la autoestima, ¡os queremos tanto! Aunque es también muy probable que vosotras mintáis respecto a lo que os costó el vestido…” poco, estaba muy rebajado"

Mentira piadosa…ese vestido te hace más delgada

Y ya que hablamos de autoestima, ¿no será mejor un “ya te llamo un día y quedamos” aunque sepas que es más probable otra pandemia a que eso ocurra, a un “eres tan feo que no quiero verte ni en pintura”?

Un clásico, también unisex, es el típico “yo nunca he sido infiel”, porque como en el fondo sabemos que el hombre (entendido como ser humano) es el único animal que tropieza 2 veces en la misma piedra, relacionarse con alguien infiel es jugar con fuego.

El oráculo de las mentiras perfectas, las RRSS

Ese arte para mentir, inherente al ser humano, se sofistica hasta el extremo en las redes sociales, porque todo sea dicho, ¿para qué se inventaron? pues para mostrar al mundo que nuestra vida es mejor que la de los demás. Y si eso no es verdad, pues se miente todo lo que se pueda.

Así tenemos gente que publica en Instagram esas fotos de sus vacaciones en una playa paradisíaca. Un primer plano de su sonrisa, el sol en lo alto de un cielo sin nubes, las gafas de sol. Pero amigo, no te diste cuenta de que el cristal de tus gafas refleja lo que tienes enfrente. Oye, ¿no es ese el edificio al lado de su casa?

Recorta la foto que la quiero subir a Instagram

Pero si lo anterior ya es un poco patético, hay gente que ni se molesta en hacer la foto y la descarga directamente de internet. Como esa instantánea presumiendo de las flores de tu jardín en la que no te das cuenta de que la foto que has colgado tiene un pequeño logotipo en una esquina.

Si no se nos ve mucho la cara o estamos lejos, quizás pueda colar. Así que más de uno ha publicado fotos “suyas” esquiando o en moto, con el casco puesto, claro. Todo esto puede colar, pero si quieres presumir de vacaciones en Baqueira, al menos moléstate de que la foto que cuelgas no aparezca la primera en las búsquedas del Google.

Las nuevas tecnologías también nos la juegan. Escuché por ahí que una chica le dijo a sus amigas que no podía quedar con ellas porque estaba fuera de la ciudad en la casa de unos familiares. Hasta ahí todo parece creíble ¿verdad? Lo que ocurre es que tan acostumbrados al móvil, no se percató que esta vez estaba hablando por el fijo de casa.

O esas típicas conversaciones de:

Cariño, ¿Dónde estás?
─En el sofá, con el pijama puesto viendo una peli. ¿y tú?

─En la cola de la discoteca…unos metros detrás de ti

Vamos, que se pilla antes a un mentiroso que un cojo.

Si es que la mentira tiene las patas muy cortas

Una de las más típicas es esa que decimos los hombres es la de “pero si yo no la estaba mirando” cosa que, si nos pillan, suele no ser cierta.

En el libro” Por qué los hombres no escuchan y las mujeres no entienden los mapas” explica que, a los hombres nos pillan mirando a otras mujeres porque somos torpes haciéndolo. Parece ser que nuestra visión es más en túnel, teniendo que mirar fijamente al punto elegido.

Las mujeres, sin embargo, tienen más visión periférica y ven sin necesidad de enfocar a un lugar fijo. Así que, si miran a los macizos que pasan por la calle, nosotros ni nos enteramos. También imagino que eso las capacita para ver todos los zapatos de un escaparate de un solo vistazo.

Esto es porque los hombres nos esforzábamos en ser mejores cazadores, enfocando solo a la gacela, y las mujeres en vigilar la cueva de posibles intrusos que se acercaran, desarrollando la visión por el “rabillo del ojo”.

El mismo autor también sostiene que, por eso mismo, los hombres conducimos mejor que las mujeres, pero en ese jardín no me quiero meter y repito, es la opinión del autor.

No me mientas…mirabas a la chica y no al coche de detrás

Y ya para terminar, una de mis preferidas. Ahora que se cumple el vigésimo aniversario del atentado de las torres gemelas, la anécdota de un hombre infiel que trabajaba en ellas.

Su mujer, ama de casa, viendo las noticias en la televisión, llamó toda angustiada a su marido. No es literal, pero la conversación debió de transcurrir más o menos así:

Cariño, ¿Dónde estás?

─En la oficina, como todos los días. No me molestes que estoy trabajando.

Así de breve, porque a buen entendedor pocas palabras bastan.

El hombre no pudo salvar su matrimonio, pero salvó la vida. Tampoco está mal el balance.

Y tú, ¿alguna dulce mentira que quieras compartir? Puedes hacerlo en los comentarios.

 

P.D.: por si te sientes más tranquilo…puedes comentar como anónimo.

 

 
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