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Zenda: Cuento de Navidad 2020

 El berrinche de Beatriz

 


 

Beatriz se había ido a la cama muy enfada con sus padres. Le habían dicho que las próximas Navidades las pasarían ellos tres en la ciudad en lugar de visitar a los abuelos en su casa del pueblo. Del berrinche que se había llevado le costó conciliar el sueño y solo se tranquilizó cuando su madre le prometió que lo pensarían de nuevo. Con esta promesa en mente cayó rendida en su cama y mientras estaba soñando se le apareció un espíritu.

¿Eres el espíritu de las Navidades?

—Así es. Soy como el del cuento que te ha leído papá muchas veces antes de dormir, ¿me acompañas?

Y ambos marcharon de la mano hacia las Navidades pasadas. Beatriz se vio a ella misma haciendo muñecos de nieve, abriendo los regalos bajo el árbol repleto de bolas brillantes y guirnaldas, jugando con el mastín, leyendo un cuento sobre el regazo de la abuela frente a la chimenea…hasta que el espíritu le preguntó:

—¿Quieres que las Navidades de este año sean como las pasadas?

—Siiiiiiiií, —gritó la niña

—Entonces me tienes que acompañar a ver las futuras.

Esta vez Beatriz solo vio a sus padres, de los abuelos no había ni rastro. Todos tenían la cara triste, incluso el perro estaba tumbado sin moverse en lugar de saltar sobre la nieve. Hasta los troncos ardían con desgana.

—¿Dónde están los abuelos? Siempre nos juntamos en su casa cada Nochebuena.

—Mira Beatriz. En el colegio te abrazas a muchos niños, compartís el balón, los juguetes, los libros. Uno de ellos te contagió a ti y tú hiciste lo mismo con los abuelos. Tú apenas lo notaste, pero ellos ya eran mayores y su cuerpo debilitado por los años no pudo combatir la enfermedad.

—Pero yo no quiero que pase eso, tenemos que hacer algo —respondió la niña a punto de derramar una lágrima.

—Entonces no hay otra solución que cambiar el orden de las Navidades. Estas las pasareis tus padres y tú en la ciudad y los abuelos en su casa del pueblo. Estar tristes o felices ya depende de vosotros. Con tan solo este cambio lograremos que las de los próximos años se parezcan a las que ya conoces. ¿Estás de acuerdo?

—Sí —respondió sin dudarlo.

—Pero yo no las puedo cambiar, eres tú quien debe hacerlo.

Y nada más pronunciar estas palabras el espíritu desapareció y Beatriz abrió los ojos. Todavía era de noche, fue a la habitación de sus padres, se metió en su cama entre medias de ambos como tantas veces había hecho y murmuró:

—Papá, mamá, he decidido que me voy a portar bien aunque pasemos estas Navidades lejos de los abuelos.

 

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ZENDA Cuentos de Navidad: Noche de reyes

NOCHE DE REYES


 

- ¡Por todos los Dioses del Olimpo! -bramó el rey de bastos golpeando con su maza sobre la mesa. Yo soy el rey más poderoso que jamás haya reinado. Con mi garrote aplasto las huestes de cualquier contrincante que ose hacerme frente.

-Lamento quitaros la razón – respondió el rey de espadas. Mi ejército, con las suyas, puede ensartarlas en las entrañas del enemigo, clavarlas en sus corazones, cortar cabezas y desmembrar a quién lo desafíe.

-Sois demasiado primitivos – intervino el rey de copas. La fuerza bruta puede ganar algunas batallas, pero en ocasiones la sutileza impera. ¿Acaso no recordáis la conquista de Troya? Nada pudieron lograr los ejércitos, sino que fue cuando todos los defensores de la ciudad quedaron embriagados, cuando se flanquearon sus murallas y sometieron a sus ocupantes.

- Olvidáis, mis queridos amigos, que el dinero todo lo puede – señaló el último de los presentes, el rey de oros. Con mis riquezas puedo reclutar cualquier ejército de garrotes o espadas, igual que comprar tantos odres de vino como sean necesarios para extasiar pueblos enteros.

Continuaron su discusión durante horas, hasta que un sirviente les interrumpió anunciando que una comitiva solicitaba permiso para pernoctar a las faldas del castillo. Los hicieron entrar a su presencia, y viendo que se trataba de los Reyes Magos de Oriente, pensaron que podrían ayudarles a dirimir su disputa. Una vez defendió cada uno sus argumentos, el rey Melchor tomó la palabra:

-Lamento despertaros de vuestra ensoñación. El rey más poderoso es el que está a punto de nacer, el Rey de los Judíos. Nosotros nos dirigimos hacia Belén a honrarle y presentar nuestros respetos.

El rey de bastos esbozó una sonrisa y respondió:

-No existe palacio alguno en Belén. ¿Cómo puede, el que llamáis rey de reyes, venir a este mundo si no es en un palacio que haga parecer establos al resto?

Esta vez fue Gaspar quién que replicó a su interlocutor:

-El Rey de los Judíos no necesita demostrar su poder con bienes terrenales, no se valora con los mismos criterios que el hombre.

Finalmente, Baltasar concluyó:

- Llevamos varias semanas siguiendo una estrella que nos guía hasta el lugar preciso de su nacimiento. ¿Acaso conocéis algún rey tan poderoso que incluso los astros le obedezcan?

Avergonzados por su soberbia, los cuatro reyes dieron por finalizada su discusión y ofrecieron a sus invitados los mejores aposentos del castillo. A la mañana siguiente, como muestra de sumisión y reverencia, solicitaron a los Reyes Magos que ofrecieran al que iba a nacer un regalo en su nombre. Dicho presente simbolizaba su insignificancia y sumisión a que el auténtico rey de reyes los manejara a su antojo y gobernara su destino.

De esta manera, los Reyes Magos continuaron su camino hacia Belén portando los regalos que ofrecerían al recién nacido; oro, incienso, mirra y una baraja de naipes.

P.D: como los pastorcillos armaban mucho jaleo y despertaban al niño, San José les regaló la baraja para que se distrajeran sin hacer ruido. Es por ello, por lo que dicha ofrenda al niño Jesús, desapareció de la tradición.
 
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