Una de suegros

                                          
 



Al contrario de lo que dijo Neil Armstrong al pisar la luna, tener el primer encuentro con los suegros es un nimio paso para la humanidad pero un gran salto para el hombre, o al menos ese fue mi caso. Puse mil excusas para retrasar ese momento, que si no me encontraba bien, que si era demasiado pronto, que si no tenía nada que ponerme, que si el sábado por la noche estaba de guardia… pero claro, cuando uno es socorrista de piscina, eso último es difícil de creer. Así que, viendo que mi resistencia podía provocar una crisis de pareja, no tuve más remedio que plegarme a sus deseos.
 

 

¿Que tienes guardia el sábado por la noche? ..., ¡pero si eres socorrista de piscina!


Uno siempre tiene la duda de cómo les caerá a los suegros, y la respuesta es siempre la misma, ¡MAAAL! Eres el cabrón que se folla a su niña, y aunque tú pienses que te la trincas muy poquito y que quizás por eso no te odien tanto, craso error, sólo con el hecho de que lo piensen ya les caerás fatal. A pesar de todo y como siempre es importante causar una buena primera impresión, pasé buena parte de la tarde decidiendo qué ponerme. Me quité los piercings y me puse manga larga, para tapar los tatuajes que tanto molan a las chicas como detestan sus padres. Me peiné todo lo que pude y vestido como un niño bien me presenté en su casa con unas flores para la suegra y una botella de vino para el suegro.
 

Eres el que se beneficia a su niñita… ¿cómo crees que les caerás a tus suegros?

 

Llamé al timbre y mi chica abrió la puerta, no parecía nerviosa, claro, ¡jugaba en casa! Su padre me estrechó la mano con firmeza y me miró con ojos desafiantes, de esos que quieren demostrar quién es el macho alfa de la caverna. Su madre, me escrutó de arriba abajo y puso una cara de las que vienen a decir “pues no parece ni tan guapo, ni tan alto como me dijo la niña”. Aunque lo peor de todo fueron las preguntas incomodas del hermanito pequeño… ¿Cuándo os vais a casar? ¿Cuántos niños vais a tener?...” y claro, uno tiene que responder con una sonrisita estúpida, porque todavía se ve demasiado joven para el compromiso y mucho más para traer criaturas al mundo.
 

Hija, gradúate la vista, que el chico es mono..., pero de los del zoo

 
Como soy un pelota, empleé mis mejores trucos. Uno que nunca falla en estas situaciones es alabar la comida de la suegra, pero como esto ya está muy visto y puede parecer poco sincero, hay que pasar al siguiente nivel, que es pedir la receta. Te arriesgas a que un día te pregunte si la has hecho, pero de momento quedas como un caballero. De su padre no tuve ni que preocuparme. Habiendo visita, y sabiendo que su mujer no le iba a propinar un codazo en las costillas cada vez que rellenara su copa, se centró en eso, en darle al vino, por lo que no me interrogó como si de un espía se tratara y al acabar la cena se quedó dormido en su butaca.

Pero no todo fue un mal trago para mí, porque acabamos la velada viendo el álbum de fotos familiar. Y como en el anuncio de Mastercard, aquello no tuvo precio. Pude contemplar con regocijo a la moderna de mi chica, llorando a moco tendido porque había descabezado a su muñeca favorita, vestida de sevillana en las fiestas del barrio o con cara de no haber roto nunca un plato el día de su primera comunión. Así que chicos del mundo, atreveos a dar ese birrioso paso para la humanidad y gran salto para vuestras vidas.
 
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